Hola amigos: CYCLE CHIC es la cultura de la bicicleta con la ropa de uso diario y personalizada, con la que nos sentimos cómodos y nosotros mismos. No pretende alcanzar grandes velocidades; busca la CODUCCION ALEGRE, es decir, que la bici te lleve a ti más que tu a ella. Ahora está asociada con el ciclismo urbano practicado en ciudades como Ámsterdam, Copenhague, Berlín o Barcelona, entre otras, donde los ciudadanos practican un alto nivel de uso de la bicicleta. En muchas ciudades del mundo la bicicleta es un modo de transporte cotidiano y muchos ciclistas optan por llevar ropa normal en lugar de ropa deportiva. Este blog pretende mostrar al mundo cómo son los ciclistas urbanos de Santander y concienciar a la sociedad de que subirse a una bicicleta y sentir la brisa en el rostro es una de las sensaciones más placenteras que existen: yo siempre lo he llamado “volar bajo”, porque realmente estas volando.
BIENVENIDOS Y SED VOSOTROS MISMOS CON VUESTROS SUEÑOS



viernes, 2 de noviembre de 2012

SLOW CITY

Nuestras ciudades han crecido mucho y no siempre lo han hecho bien, ni en la dirección correcta. Creíamos que el progreso era más de todo: más rápido, más grande, más cantidad, más potencia, más velocidad, más combustible… todo en una espiral que no parecía tener límite, ni fin. Las ciudades se extendieron hacia suburbios que tragaron el campo circundante. Las carreteras se ensancharon y multiplicaron, rompieron y fraccionaron el espacio, reorganizaron el territorio e hicieron desaparecer las huellas del paisaje del pasado. 

Durante la segunda mitad del siglo XX creíamos que el progreso era eso: abandonar el centro de las ciudades y huir hacia la periferia, a través de enormes autovías e interminables circunvalaciones. El presunto “progreso” cambió radicalmente nuestro estilo de vida: necesitábamos coches para todo: para ir a trabajar y volver, para ir a la compra, lejos de las zonas residenciales, para ver a los amigos o a las familias de los que, el crecimiento y la extensión de la ciudad, nos separaba cada vez más. Ahora retomamos la ciudad, queremos pasear despacio por su centro, disfrutar del silencio de sus calles sin coches, jugar en los parques urbanos  y tomarle el pulso a una interesante conversación sentados en un banco.
De repente, la ciudad es menos: queremos ciudades lentas, tranquilas silenciosas, donde no exista la prisa, ni el ruido. Queremos ciudades lentas, a la velocidad de las bicicletas…
Morgana